Hace 25 años se estrenaba “BATMAN” de Tim Burton

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Se cumplen 25 años de la película BATMAN, dirigida por Tim Burton, y protagonizada por Michael Keaton (Batman – Bruce Wayne), Jack Nicholson (The Joker) y Kim Basinger (Vicky Vale).

Recuerdo como si fuera ayer la fiebre que desató esa película. Hubo una Batimanía a pleno, en una época en la que no había internet, y toda la info venía por revistas importadas (Premiere, Fangoria) o la tele.

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Hubo un verdadero escándalo por la elección de Keaton como el Caballero Oscuro, ya que era obvio que no daba con la imagen que los fans tenían de su heroe. pero la verdad es que, para mi gusto, fué el mejor Batman, insuperable, ya que de repente un cómico de 1,65 m imponía y definía la oscuridad que los fanáticos esperabamos de Batman, luego de la serie de los 60´s. Y Nicholson, tremendo, un Joker pavoroso, canchero, con mucha onda.

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No podía dejar pasar esta fecha, de una peli que fué y es para mi muy especial y querida.

 

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Así luce Ben Affleck como el nuevo Batman

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Debo confesar que n o daba dos mangos por Ben Affleck como Batman (en reemplazo de Christian Bale) y la próxima Batman Vs. Superman. Pero admito que esta foto me soltó la cadena de entusiasmo!

Hoy Zack Snyder, director de “Superman Returns” y del próximo encuengtro de los dos mas grandes superheroes twitteó esta imagen. A simple vista se nota que el nuevo traje es similar al del comic 2The Dark Knight returns”, clásico de Frank Miller de los 80´s. Esperemos que la tónica que le den al Caballero Oscuro en ete film vaya por ese lado.

 

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arnará al superhérore de Ciudad Gótica.

Ben Affleck es el nuevo Batman

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Finalmente, Ciudad Gótica encontró a su nuevo encapotado: 

Ben Affleck es el nuevo Batman. Otra vez, y con un desafío enorme por delante. Ya había incursionado en el mundo de los comics con la horrible Daredevil, en 2003. Y ahora tendrá que encarnar al héroe mas grande de todos. La compañía estadounidense Warner Bros informó hoy que el actor será el nuevo Batman en la secuela de El hombre de acero.

Esta película presumiblemente se llamará Superman vs. Batman o Batman vs. Superman y el estudio ha previsto que se estrene en todo el mundo el 17 de julio del 2015. Será dirigida por el mismo cineasta que El hombre de acero, Zack Snyder. 

Snyder también expresó su entusiasmo por el casting de Affleck. “Ben ofrece un interesante contrapeso al Superman de Henry (Cavill). Él tiene la calidad actoral para crear una imagen en capas de un hombre que es más viejo y más sabio que Clark Kent y lleva las cicatrices de un luchador contra el crimen experimentado, pero conserva el encanto que el mundo ve en el multimillonario Bruce Wayne. No puedo esperar a trabajar con él”, observó.

Affleck será el quinto actor que interpretará al emblemático personaje de DC Comics desde la reformulación del personaje en Batman (1989), de Tim Burton. Antes pasaron Michael Keaton (en esa película y en su secuela, Batman regresa), Val Kilmer (en Batman eternamente, bajo la dirección de Joel Schumacher), George Clooney (en la odiada Batman y Robin, del mismo director) y Christian Bale (en la reciente trilogía de Christopher Nolan).

Protagonizará la nueva cinta junto a Henry Cavill, quien retomará el papel de Superman/Clark Kent. Y también estarán los actores que aparecieron en El hombre de acero: Amy Adams, Laurence Fishburne y Diane Lane.

Se suicido Tony Scott, director de “El Ansia”

El día comenzó con una horrible noticia. Se suicidó Tony Scott, el director de la que es quizás la película mas definitoria para la escena goth, “The Hunger”. Ese film, que comenzaba con Peter Murphy chillando que “Bela Lugosi estaba muerto” fué el consuelo con el que se tuvo que conformar Tony, por no poder obtener los derechos para dirigir la que hubiese sido la primera adaptación de “Entrevista con un Vampiro”, en la que Lestat hubise sido Bowie, en vez de Tom Cruise…
Tony, artista talentosísimo, puntilloso, con un manejo estético comparable solo a su gran hermano, Ridley, sin embargo tuvo que vivir siempre a la sombra de ese gigante.

La crónica dice que Tony Scott se suicidó, al saltar de un puente del condado de Los Angeles.

El forense del condado de Los Angeles, el teniente Joe Bale dijo que se investiga la muerte de Scott como un suicidio.

Las autoridades dijeron que Scott, de 68 años, saltó del puente Vincent Thomas que cubre la distancia entre San Pedro y la Isla Terminal de Los Angeles.

Varias personas llamaron al número de emergencia 911 a las 12:35, después del mediodía para informar que alguien había saltado del puente Vincent Thomas entre San Pedro y la Isla Terminal de Los Angeles, dijo el teniente Tim Nordquist de la policía angelina.

Un equipo de buzos de la Policía Porturaria de Los Angeles recogió el cadáver de las turbias aguas varias horas después, agregó Nordquist. Los restos de Scott fueron llevados a la oficina del forense en Wilmington.

Solo él sabe porque decidió tirarse de ese puente de Los Angeles, pero lo que si podemos decir que ahora Tony “Is Undead”…

Adelanto de 13 minutos de “The Dark Knight Rises”, la nueva película de Batman

Warner Bros. difundió este fin de semana un especial de 13 minutos que compila imágenes de la película, detrás de cámara y extractos de entrevistas a los protagonistas.

El estreno mundial de la tan esperada película será el 20 de julio, mientras que para Argentina está anunciada para el 26 de julio, 

BAFICI 2012, algunas recomendaciones

Del 11 al 22 de abril se realizará una nueva edición del festival de cine independiente de Buenos Aires, BAFICI. En esta oportunidad, destacamos algunas películas, dignas de ser vistas:

SADO:
INFORMACIÓN DEL FILM

Título de Exhibición Sado
Título Original Sado
Título en Inglés Sado
Director Homero Cirelli
País Argentina
Año 2012
Duración 73′

Protagonizada por Marina Chaarif, una de las pioneras de la escena goth en Buenos Aires, relata la vida cotidiana de una dominatriz de acento castizo, que mora en algún lugar del centro porteño. La cámara sale poco de su departamento, que funciona a la vez como hogar, mazmorra –ahí están los elementos de su culto cuerimetálico– y antecámara desde donde ella misma concerta sus citas. El teléfono es central: por él accedemos al contacto con los clientes, la familia y el novio ausente, con quien discute detalles del casamiento próximo. La voz de Nadia, por turnos quejosa y demandante, circula entre estos mundos. Y el erotismo, corrido de su eje, es atisbado en relatos, conversaciones, histeriqueos donde lo sexual es más que nunca un juego de poder, y la protagonista lo ejerce y lo sufre. Película de elipsis, de esperas, Sado deviene retrato de la incertidumbre y encuentra, en los intentos de Nadia por abrirse a un psicólogo, un inesperado comic relief.

JOY DIVISION:

Título de Exhibición Joy Division
Título Original Joy Division
Título en Inglés
Director Grant Gee
Países UK
Año 2007
Formato DM
Color Color
Duración 93′

Pregunta: ¿qué distingue a este documental de los otros abordajes fílmicos de la banda liderada por Ian Curtis? Respuesta posible: que Gee –junto al periodista Jon Savage– no cesa nunca de interrogarse acerca de Joy Division, y tampoco trata de imprimir la leyenda como 24 Hour Party People (2002), ni de glorificar la figura de su líder como Control (2007). Pero Joy Division tiene la inteligencia de absorber a esas dos versiones, mediante los testimonios de sus artífices: Gee entrevista a Tony Wilson, alma máter de la movida madchesteriana, instigador y protagonista de la ficción de Winterbottom, y recurre a varios pasajes de la autobiografía de Deborah Curtis, adaptada por Anton Corbjin para la segunda. Con una estilización que rinde tributo al imaginario visual creado por el diseñador Peter Saville para la banda, y material de archivo que –increíblemente, a 30 años ya del lanzamiento del EP An Ideal for Living– permanecía inédito, Joy Division logra todo lo que se propone: desde reflejar el amargo sentimiento de culpa del entorno del cantante, hasta la discusión seria de cuestiones como la relación entre “el pasito Ian Curtis” y la epilepsia.

LIMELIGHT:

Título de Exhibición Limelight
Título Original Limelight
Título en Inglés Limelight
Director Billy Corben
País USA
Año 2011
Formato HD
Color Color
Duración 104′

Dueño de clubes nocturnos legendarios como The Limelight –que funcionaba en una antigua iglesia anglicana, como recuerda la canción “This Disco (Used to Be a Cute Cathedral)”–, Tunnel, Palladium y Club USA, Peter Gatien fue el rey indiscutido de la noche neoyorquina en los años ‘80. Nacido en Ontario y famoso por el parche en su ojo izquierdo, Gatien construyó y administró un imperio que, además de contar a sus clientes diarios por decenas de miles, canalizó los movimientos culturales que definirían la imagen de toda una época de Nueva York. Luego, la ofensiva legal y policial del alcalde Giuliani contra la vida nocturna terminó con la deportación de Gatien a Canadá y el desmantelamiento de su glamoroso imperio. Entrevistando a los personajes de aquella edad dorada del clubismo, así como a testigos clave en el mediático juicio de Gatien, Corben construye un documental exuberante, que recorre el lado salvaje para echar luz sobre una vida agitada. No sólo la de su protagonista, sino también la de una ciudad, Nueva York, siempre transformándose y reinventándose a sí misma.

Mas info sobre el BAFICI en el sitio oficial

BLACK SUNDAY, un film por Mario Bava


“En el siglo XVII, Satán estaba en toda la tierra. Y era grande la ira contra aquellos seres monstruosos sedientos de sangre humana, a los cuales la tradición les dio el nombre de vampiros.
No había lugar para pena o piedad. Hermanos no vacilaban en acusar a hermanos. Y padres acusaban a sus hijos. En un intento desesperado de purificar la tierra, del terrible surgimiento de asesinos con sed de sangre.
Antes de matarlos, la justicia humana se anticipaba al juicio divino, marcando en sus pieles con fuego, la marca de Satán…”


Así nos introducimos en un desolador claro de lo que parece ser un pantano boscoso de Moldavia. Blanco y Negro. La bruma todo lo cubre mientras los verdugos preparan la ejecución. Luego de que el hierro candente con la “S” quema, en medio de un alarido la piel de Asa, hija de la casa de Vajda; su hermano, aparente líder del grupo de inquisidores encapuchados, lanza la sentencia determinante.
Cerca de la muchacha, yace atado a otro poste y con una máscara incrustada en el rostro, el cuerpo sin vida de Igor Yavutich, su amante.
Luego del veredicto, Asa maldice con la soberbia que le da su dolor a todos y cada uno de los presentes, y a sus hijos. Y a los hijos de sus hijos. Ya que la misma sangre corre por sus venas. Y así será por siempre.
En un dilatado crescendo, la máscara de Satán, la sentencia final se aproxima a su rostro, en forma irreductible. Su parte interna, llena de clavos de hierro, se acerca cada vez mas, transformándole el semblante de furia en una imagen de pavor.
El verdugo levanta el mazo de madera y lo estrella pesadamente contra el rostro de la muchacha, cuya sangre emana en medio de un grito ahogado, a través de los orificios de la mascara.
La lluvia apaga las antorchas y las hogueras. El cuerpo de Igor se sepulta en tierra no consagrada junto a los asesinos y el de Asa, en la cripta de sus ancestros.
Dos centurias después y luego de un terremoto que destruyera la cripta, dos médicos (padre e hijo) conseguirán descubrir en las ruinas abandonadas en un bosque fantasmagórico, el féretro y revivir (accidentalmente) a Asa con una gota de sangre.


No por nada y para muchos de nosotros, La Maschera Del Demonio (Black Sunday / The Mask Of Satan) de 1960, es quizá la representación más ajustada, de lo que claramente podría definirse como Cine de Terror Gótico.
Si bien, esta seudo denominación se ha aplicado sobradamente a películas de neto corte oscuro o con atmósferas agobiantes, contrastes extremos, sadomasoquismo, etc., siempre parece acabar en una representación estética mas cercana a la síntesis que pretende ser en la música Marilyn Manson por ejemplo; que a los referentes y a la estética claramente construida a partir de los íconos literarios y pictóricos del siglo XVIII en pos de una atmósfera para contar, mas que en la anécdota de quedarse solo en lo estéticamente bello.
Esta película es fundacionalmente canónica.
Es quizá aquí, donde los distintos elementos que hacen a los formalismos históricos del gótico del siglo XI o XII por ejemplo, se ven mejor representados, en las ruinas de la cripta o en el castillo cuyos pasadizos o los pilares de la chimenea cubiertos por monstruos inmensos de piedra, se pierden e invitan a sufrir tormentos.
Tal vez solo se debe a la soberbia impronta que irrumpió en 1960 a través de la mirada prodigiosa de Mario Bava (Realizador y fotógrafo de la película), cuyo cine se caracterizo siempre por estar ambientado en climas enrarecidos, tiempos que se dilatan en una tensión eterna, cierta dosis de sadismo gráfico y un manejo del encuadre que muchas veces se recorta mas allá del relato mismo, convirtiéndolo en uno de los directores mas influyentes de la historia. Aun hoy, sin una justicia real y un reconocimiento abiertamente manifiesto. 


El travelling hacia atrás de la criada atravesando el cementerio junto a ese bosque pantanoso, es un buen ejemplo que deja a las claras un manejo de cámara minucioso y bastante poco habitual para este género.
Muchos de los films de horror de Bava, están hechos con el mayor grado de compromiso hacia los cánones del género, pero sin emular o repetir lo ya hecho, sino haciendo una relectura entre los cuentos mas clásicos (aquí, Gogol) como con los miedos y fobias mas arraigados en el inconsciente colectivo. Una visión renovadora y chocante para el momento del estreno fue Black Sunday.
“El terror a la sangre las atrae y las repele” diría Martin Landau encarnando al crepuscular Bela Lugosi en la maravillosa Ed Wood.


Otro claro rasgo, de su impronta italiana y algo que Hollywood solo pudo empezar a explotar a fines de los 70, luego de haber asimilado ciertas “influencias” tomadas por los señores George Romero y Tobe Hooper, es lo que hace a Bava, único. Muchas veces llevando lo expresivo y lo visual a lindar con el cine clase “b” o “bizarro” si, pero no por una elección descabellada o un descuido, sino mas bien por su exactitud y rigor con lo que mostrar. Las heridas, la sangre, la podredumbre y los cadáveres se tienen que ver aunque mas no sea con un plano de un segundo (no hacer un regodeo masoquista a la Mel Gibson, pero si dejar marcado en la retina del espectador la imagen chocante, culminación de un momento de horror), shockeante, rápido y que corta la tensión, profundizada por la música, que muchas veces abunda por su pomposidad.
No es casualidad que este país revivió luego de la segunda guerra mundial, a muchos de los géneros clásicamente establecidos en América como el western o el cine fantástico (Planet Of The Vampires de Bava es el original absoluto de la Alien de Riddley Scott), dándoles un realismo y una carencia de “glamour” bastante contundentes como para llevar la atmósfera a un extraño naturalismo “camp”, no vistos antes. Infinidad de directores llegaron después, aprovechando la volada que este pionero le dejó al terror.
No tanto por su maravilloso encuadre, sino más bien porque supo hacer una contundente síntesis visual y un despliegue de efectos, cuya factura muchas veces no distaba de algunas de las más comunes trucas que utilizara Meliès, pero que estaban realizadas con una exactitud y meticulosidad que no eran para nada comunes en estas producciones.
Distintas estéticas y subgéneros se abrieron después, cual venas en forma de ramas de un inmenso árbol, tan disímiles como auténticas.
Bava fue el “padre” e innegable influencia de gente como Darìo Argento, Lucio Fulci, Joe D’Amato, Terence Fisher, Freddie Francis, Tim Burton, Roger Corman, Joe Dante, Brian De Palma, Peter Jackson, etc., etc.
Tal rigor y éxito en lograr esa sutileza climática no se veía desde The Cat People de Tourneur o los crepusculares policiales de Fritz Lang. Lejos estaban las películas filmadas en la era de oro del cine de horror clásico de la Universal. Pero ese año también llegó Psicho de Hitchcock y dejó bien a las claras y en pleno auge del Technicolor, que el blanco y negro sigue siendo tan expresivo y contundente, como en los clásicos de Wiene o Murnau.
Mientras que Psicho era la representación cinematográfica de una patología mental contada a través del género policial, La Maschera Del Demonio era una representación teatralizada, histriònica (“Fellinesca”) y efectista al servicio de retratar a los seres oscuros en su hábitat nocturno y mas preocupados por la vida eterna que por la sangre.
Solo que con Bava, siempre es mas oscuro. Basta ver los trajes espaciales de cuero negro ajustado en The Planet Of The Vampires, similares al traje y auto negros de Diabolik o las vestimentas de Barbara Steele en esta película, así como las noches cerradas y tormentosas, o los ambientes en penumbras contrastadas de Black Sabbath y la fallida Blood And Black Lace.
Muy pocos directores han podido (en esa època) sostener tan firmemente su estética a través de géneros tan disímiles o variados.


A diferencia de directores americanos de similar influencia, como fuera Howard Hawks para John Carpenter o George Romero, Hawks evitaba mostrar la sangre.
Bava (como después tomara la posta, su discípulo mas evidente, Darío Argento) la convertía en un plano detalle. Así como las cuencas vacías de los ojos o las heridas cortantes.
Todo en esta película se ve a través de ramas, telarañas, ruinas y bosques fétidos que parecen fagocitarse todo. Al igual que las sombras. Las texturas en la piedra adquieren otra dimensión, con el grandioso trabajo de luz que se sostiene en todo momento.
Luego de su actuación en 8 y ½ de Fellini, Barbara Steele hace aquí una labor mas que destacable, dándole realismo, romanticismo y tensión a la película, asi como la cuota de sensualidad necesaria, que la productora inglesa Hammer sabría explotar luego (sin tanta sugerencia y cuidado) a comienzos de la década del 70, cuando comenzó su debacle.
Un film clásico e inevitable. Quizás algo estático, viéndolo con los ojos del hoy, lleno de clichés y lugares comunes, pero con la frescura de tratarse de una visión mas que singular y pionera en el género, sentando bases y sumando la promesa de un director que aun no había dado casi nada, de todo su potencial.
Editada en DVD en varios países, se recomienda en lo posible y para verla en todo su esplendor, la versión en italiano.

La Maschera del Demonio
Director: Mario Bava
Guión: Enio De Concini, Mario Serandrei
Sobre un cuento de Nicolaj Gogol
Editor: Mario Serandrei

Barbara Steele, John Richardson, Ivo Garrani, Andrea Checchi
Blanco y Negro, 87 min.
1960

*Realizador 

El Hombre Elefante (O la perversidad del ser humano) (por Miss K)

 

Muchos me han preguntado a lo largo de estos años por qué soy gótica, qué serie de sucesos en mi vida me han llevado a abrazar esta forma de vida (dicho, esta ideología de vida) tan particular y tan enigmática para quien lo ve de afuera.
Supongo que, como a todos, no fue una sola cosa la que marcó las decisiones, pero hay una que hoy quiero recordar, y que fue una de las razones más poderosas que me llevaron a acercarme al gótico.
Hoy se cumplen 25 años del estreno mundial de una película inigualable (y 20 desde que la ví por primera vez, gracias a la férrea censura de esos momentos), gótica por donde se la mire y se la sienta, una obra maestra que ningún gótico, a mi juicio, debe dejar de ver.
Una película que pinta como pocas la miseria humana y también la belleza de los seres diferentes, y que retrata sin errores, esa angustia y permanente desolación interior que vive en un alma gótica.
Por mi parte, es película hizo que me olvidara de los galanes de moda y de las ondas poperas de los ´80, e hizo que me acercara y me enamorara en forma definitiva de los personajes oscuros y el mundo triste y desolado que acompaña a la urbanización feroz… También fue determinante porque supe que había encontrado a Mi Hombre cuando lo ví llorar frente a la soledad del protagonista…
No soy amante de dar consejos, pero sirva éste para los góticos más jóvenes: no te la podés perder… Creo que Hadrian y JuJu (y muchos más que no conozco) me darán la razón.


Síntesis de la película (sin ánimo de creerme crítica de cine)

La enfermedad que padeció John Merrick le convirtío en un monstruo para la mayoría de ojos, que llenos de una asquerosa morbosidad y/o curiosidad se acercaban a la feria en la que servía como otra más de sus atracciones y donde se podía leer, en los programas de mano para el público, la descripción que de sus deformidades se hacía.
En 1980 el productor, guionista, director y actor Mel Brooks contrató, por mediación del productor Jonathan Sanger y de Stuart Cornfeld, socio de Brooks, a David Lynch para que realizara El hombre elefante, la adaptación a la pantalla de la vida de John Merrick, una producción plenamente instaurada en el seno de la industria propiamente dicha y alejada por completo de los mecanismos artesanales de produccion de su anterior film y ópera prima, Cabeza borradora (Eraserhead, 1976). La elección del director de Montana vino precedida por la impresión que le causó Eraserhead a Cornfeld. El guión lo reescribió Lynch junto a Eric Bergren y Christopher De Vore, con aportaciones del propio Brooks, según manifestará posteriormente el director. El rodaje tuvo lugar en Londres y en los estudios Lee International Film de Wembley durante unos tres meses. El film fue nominado con toda justicia a ocho Oscars de Hollywood: película, director, actor, guión, música, dirección artística, diseño de vestuario y montaje. Injustamente no se llevó ninguno. Brooks tras la ceremonia, en la que salió victoriosa Gente corriente (Ordinary People, 1980. Robert Redford), declaró: “dentro de diez años Gente corriente sólo será una pregunta más en el juego del Trivial Pursuit, mientras que El hombre elefante, será un film que la gente seguirá viendo con interés…”. Acertó Mel Brooks, aunque se quedó corto, pues veintidos años después El hombre elefante sigue siendo un film memorable, donde la labor de todo un equipo logró una obra, si no maestra, cuando menos magnífica, y su director, el genial David Lynch, que ya demostrara ser un verdadero auteur mucho antes de que hiciera la maravillosa Una historia verdadera (The Straight Story, 1999), está completando una carrera extremadamente personal y excepcional, a años luz de la del simpático y carismático actor, pero mediocre director, que es Robert Redford.
La historia del pobre John Merrick rodada en un magistral blanco y negro de Freddie Francis -posterior colaborador de Lynch, en Dune (id, 1984) y Una historia verdadera- y con una admirable recreación del Londres victoriano, no es un biopic al uso, nada tiene que ver con este temible subgénero. Es el retrato de la monstruosidad del ser humano frente a lo desconocido o diferente, frente al monstruoso aspecto físico de un hombre condenado desde su nacimiento de forma implacable y cruel. También es una conmovedora historia sobre el deseo de ser amado y respetado. John Merrick, interpretado soberbiamente por John Hurt, es el catalizador de lo primero, y el ingenuo representante de lo segundo. Sin embargo, El hombre elefante, no se detiene en la descripción únicamente de Merrick, hay hueco para que aparezcan diversos personajes de diferente catadura moral, con fines opuestos en ocasiones, similares la mayoría, que permiten obtener varios puntos de vista sobre el fenómeno y que, en algunos casos, son fiel reflejo de la perversidad humana.
Frederick Treves (Anthony Hopkins) es un médico del London Hospital, que encuentra al “hombre elefante” en una feria al servicio del mezquino Bytes (magnífico Freddie Jones), que se refiere a él continuamente como “mi tesoro” y que lo expone al curioso público que pague la entrada. El Dr. Treves en principio sólo ve a Merrick como un caso extremo que le reportará cierto prestigio profesional y así lo presenta en una conferencia ante sus colegas (secuencia ésta cercana al cine fantástico: la presentación del paciente ante la comunidad científica recuerda a la de cualquier mad doctor que se vanagloria de su descubrimiento: la arrogancia del doctor se hace evidente en este momento). Treves consiguirá mantener en el hospital al paciente tras recogerlo de nuevo de los maltratos de Bytes y convencer a su superior de la importancia científica del caso, para poco a poco convertirlo en cierta manera en otra atracción, diferenciándose únicamente de Bytes en los métodos. El guardia de seguridad nocturno (Michael Elphnick) se convierte en otro ejemplo de la alarmante deshumanización del ser humano -en este caso en el ámbito de la ciudad industrializada-, de su notoria bajeza moral, pues se convierte en otro feriante que ofrece visitas a quien pague adecuadamente para ver al “monstruo”, desvelándose su actitud también como una consecuencia de su monótona existencia. La actriz de teatro, la srta. Kendall (Anne Bancroft) visita al paciente llenándolo de incalculable placer emocional (cfr. un emocionado Merrick llora cuando ella le asegura que no es un monstruo sino un persona, tras escenificar un pasaje de “Romeo y Julieta”), pero en el fondo encierra un deseo vanidoso y morboso por parte de la actriz ante la curiosidad actual y también, probablemente, la búsqueda del favor del público, no siendo, en ese sentido, muy distinta del público que acudía a las representaciones en la feria de Bytes. La enfermera jefe (Wendy Hiller), no muestra ningún reparo en atender y cuidar al paciente como una excelente profesional, adviertiendo, sin embargo, a Treves de lo contraproducente de su estancia en el hospital y le pone sobre aviso ante lo que cree ella que es evidente: Merrick se ha convertido en mero espectáculo para un público más selecto. Los niños que acosan a Merrick en la estación de ferrocaril de Londrés, pues va completamente tapado, son otro ejemplo muy astuto de la crueladad del ser humano. Incluso la realeza aparece en el film, institución que ya de por sí es el paradigma de la falsedad y la apariencia, y que en el film es mostrada, acertadamente, de forma completamente distanciada, acorde con su propia existencia.
No obstante Lynch en ningún momento resulta maniqueo mostrando la ruindad de cada personaje negativo y la bondad del protagonista. Todos y cada uno de los representantes de la normalidad física son lo suficientemente ambiguos para parecer auténticos, identificando diferentes estamentos sociales y profesionales, pero evidenciando sus más oscuros intereses y/o deseos, en ocasiones, envueltos de las mejores intenciones.
En relación a esto, la descripcion de Treves no puede ser mejor, pues en un momento formidable su esposa le encuentra sentado en el salón pensativo, reflexionando sobre sus acciones, equiparándose de algún modo a Bytes. A pesar de que su mujer le asegura que no es así, él es plenamente consciente de lo qué ha hecho y propiciado (eso hace pensar la clausura de esta escena, con Treves inmutable en su silla, absorto aún en su lucha interior). El regreso de Merrick a Londres tras su secuestro por parte de Bytes mostrará los remordimientos de Treves de manera concisa y directa: nada más verle le abraza feliz de saber que está bien (1). Por su parte Bytes el, a priori personaje más negativo de la función, no lo es tanto si lo comparamos con el repelente y vulgar portero de noche: éste aprovecha una coyuntura para saciar sus deseso más horrendos y ganar un dinero extra, mientras que el feriente no parece saber buscarse la vida de otro modo. De igual modo las acciones fuertes del film son tratadas con inusual pericia y admirable concisión. John Merrick es víctima de agravios y vejaciones, pero éstas nunca son mostradas de forma altisonante cargando las tintas en los aspectos más efectistas o buscando un falso sentimentalismo (cfr. cuando Bytes le azota se muestra de forma esquiva manteniendo estático el encuadre; la secuencia con el guardia está cargada de una atmósfera extraña que proporciona un acertado tono pesadillesco…), ni al contrario, es decir, John Merrick llora por su madre o de su sorprendente felicidad, y éstos momentos emotivos y conmovedores duran lo justo (cfr. la lágrima que le cae cuando la srta. Kendall le dice que es una persona; la alegria que muestra ante la atención que le prestan en el hospital…).


David Lynch conjuga sabiamente drama y fantastique, dotando a El hombre elefante de una fuerza expresiva y emocional que le acerca al mundo de Tod Browning, director de la monumental La parada de los monstruos (Freaks, 1933), citada en la secuencia en al que Merrick huye de la feria con la inestimable ayuda de varios compañeros. Mas lo mejor de la propuesta es el trabajo de adueñamiento de Lynch, que lleva a su terreno estílistico la historia, extrayendo los aspectos más coincidentes con sus intereses artísticos, del personaje y su historia, y mostrando un extraordinario talento para poner todo ello en escena de manera concisa y hermosa. Enunciemos a continuación brevemente algunos ejemplos de todo esto: la utilización del sonido recuerda a Eraserhead, que muestra ese mundo industrializado y agobiante, y los planos que los acompañan de chimeneas y humo siempre mostrados mediante contrapicados (2), de trabajdores o maquinaria; la delicadeza de los movimientos de cámara se detienen en los gestos y las reacciones, sin enfatizar ni subrayar innecesariamente; la presencia de Merrick en la estación llena el encuadre de la misma extrañeza que invade a los transeúntes; las pesadillas, que ahogan el descanso de Merrick, tienen una formulación estética muy parecida a las de Eraserhead; en definitva la intrusión de lo extraño o diferente dentro de una normalidad siempre aparente, siempre superficial. No obstante uno sólo de estos y otros excelentes momentos, que contiene el film, se diferencia por su extrema unión de belleza y tristeza, por su portentosa caligrafía cinematográfica: es el final del film, el fin de John Merrick…
SI querés saber más sobre David Lynch, en la próxima a lo mejor escribo un poco sobre él. Y si no, buscálo por el Inter….